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lunes, 20 de julio de 2020

Suplantando al Presidente

Noticias SC     6:00  No comments

Por Carlos Ogando

El importante director de cine Shah Rukh Khan lleva al escenario de la industria del cine la historia de un presidente suplantado con un doble físicamente muy parecido ideado por ciertos personajes funestos y del mal que integran el gobierno para implantar  regímenes con fines de corrupción y desfalco de los recursos del estado, llegando a tal nivel de perversidad que las propiedades del estado eran ofertadas a precios de subasta entre comerciantes, industriales y políticos, mientras el gobierno impostor hacía de las suyas, el presidente legítimo pasaba sus días encerrado en  secreto en unos de las habitaciones del palacio.
Esta historia es ficticia y la traigo a colación porque en ella se aprende la importancia de que los presidentes se rodeen de ministros y consejeros con historial limpio y que su vida se halla desempeñado dentro del ámbito de la moral y la ética, propia de  personas capacitadas y respetadas,  que sepan van a manejar los recursos económicos del estado y que son propiedad de todos los dominicanos, no de ellos.
América Latino tiene sobrados casos de presidentes que hacen doble de ellos mismos y los genios del mal que lo acompañan conspiran todo el tiempo para convertirlo en impostores. Esos sequitos que los acompañan son los que cada día se empeñan en conculcar los principios de los partidos políticos que le dieron origen. Muchos presidentes se dan cuenta de sus fechorías, muy tarde, cuando ya no tienen tiempo de aplicar sanciones aquellos que se burlaron de los puestos que les fueron confiados y al final cuando reciben las sanciones hacen mucho daño a los partidos y al gobierno.
A continuación, compartimos tres reflexiones de IVAN AUGER LABARCA sobre los grupos de poder y la gobernabilidad en América Latina y el Caribe, citamos tres párrafos:
En el nuevo estado democrático y de derechos debemos tener presente, primero y antes que nada, que los principios fundadores de los países latinoamericanos, que los transformaron en comunidades nacionales, fueron la emancipación y la libertad, cuya expresión política es la democracia representativa basada en la soberanía nacional, la que a su vez reside en el Estado-nación, legado que recibimos de la teoría democrática liberal. La razón es obvia; no podíamos invocar una identidad étnica, lingüística o religiosa. La democracia por lo demás da legitimidad a las decisiones gubernamentales, siempre, por supuesto, que haya consenso acerca del Estado de derecho y el imperio de la ley.
Para que el Estado democrático sea soberano los poderes instrumentales (todos los servicios públicos) deben estar sujetos a los tres poderes del Estado y los poderes fácticos deben estar institucionalizados fuera del Estado. La transparencia en el financiamiento de la política, la contabilidad pública es el mínimo, y las incompatibilidades e inhabilidades adecuadas para todos los cargos públicos son, por tanto, indispensables. La administración pública debe ser eficiente y respetada, bien remunerada, pero austera, y designada por competencia y con ascensos por méritos; su corrupción desprestigia al Estado y corrompe a la sociedad en su conjunto.
La idea de que la actividad política carece de prestigio y que quienes la realizan sólo persiguen dividendos personales comienza a generalizarse en América Latina. La sociedad civil crecientemente no se siente representada por las autoridades estatales. Gran parte de estos temas están vinculados con el funcionamiento de los partidos políticos, los cuales siempre fueron reconocidos como los medios para canalizar las corrientes de opinión y como los interlocutores válidos entre la sociedad civil y el Estado en materias de conducción general del país. Simultáneamente han existido élites intelectuales, económicas, sociales, políticas y culturales que han contribuido a fijar las bases del debate y han tenido una influencia importante en los asuntos de la gestión pública, sobre la base de su prestigio.
Para los partidos políticos la consecuencia más grave es el continuo alejamiento de las sociedades civiles. Los dirigentes de los partidos son percibidos como una partidocracia, una clase política o políticos profesionales, expresiones que describen una tendencia a la defensa de los intereses de los políticos como estamento. Por consiguiente, las estructuras partidarias se debilitan y disminuyen los militantes. La plaza pública es reemplazada por la mercadotecnia y las imágenes. La política pasa a ser una competencia entre personalidades y partidos que han perdido su proyecto histórico por carecer de programas para enfrentar las realidades del presente y el consiguiente agotamiento de un discurso movilizador.


En este artículo de opinión quiero alertar a las cúpulas de los partidos políticos,  decirle que deben volver a los principios, esos principios que le dieron origen a su partido, donde hacían el compromiso sagrado con la nación y planteaban los objetivos que pretendían alcanzar,  para que no se desvíen del camino que habían diseñado y propuesto a los ciudadanos. Esos principios que declararon cuando depositaron la solicitud para que las autoridades electorales reconocieran su partido. Ahí están plasmados los objetivos que se persiguen cumplir y que deben adaptarse con las nuevas ideologías por la cual están abogando los movimientos populares.


Hay que volver atrás a ver los principios en que se cimentaron las bases teóricas que dieron origen a los partidos políticos que eligen presidentes. Por eso hay un dicho muy popular que dice qué hay que cuidar la forma para que no nos afecte el criterio. Esos principios son los que mantienen conectados a los gobernantes con sus militantes y con la sociedad y la base para desarrollar un gobierno inclusivo, de esa manera nunca los malvados podrán imponer un doble.
El señor Shah Rukh Khan describió el secuestro y sustitución por un doble al presidente, pero un presidente puede ser sustituido no solo por un doble real sino también por un doble virtual. El presidente puede ser sustituido por los ministros cuando estos no rinden cuentas del desempeño de sus funciones y cuando los órganos rectores del control interno no hacen su trabajo o halla complicidad con los auditados.
Un presidente no debe dejarse sustituir por tratas mediáticas a lo interno del gobierno ni de su propio partido, ni esperar que le cuenten, siempre investigar y oír directamente a los colaboradores. No debe aceptar recibir mandados de aquellos que pueden hablar por sí propios. Él presidente debe ver todo personalmente e imprimir un estilo de gobernar para que nadie se confunda.
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