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miércoles, 15 de julio de 2020

Lo que hemos perdido con el Covid-19

Noticias SC     22:13  No comments

Por Carlos Ogando
Han transcurrido más de siete meses desde que la pandemia del Covid-19 sorprendió al mundo el 31 de diciembre del 2019, desde Wuhan provincia de Hubei, China y desde ahí en adelante la población ha venido padeciendo del miedo al contagio, el miedo a la muerte, perder sus seres queridos, estar en casa sin poder salir, perder su negocio y perder sus empleos como base de subsistencia; tomar las medidas de protección para no contagiarse y solventar el nuevo costo de vivir en un mundo solitario, llamado Covidiario.
Según el Centre de Terapia Dialectic Conductual (TDC) en los estudios revisados la ausencia o pérdida de ingresos generó ansiedad, ira, estrés, síntomas depresivos y trastornos psicológicos varios meses después de la cuarentena. Respecto al estigma (rechazo de la sociedad a una persona con Covid y debido a ciertos comportamientos o apariencia física que se considera inaceptable, peligrosa o aterradora), los participantes pertenecientes al área de la salud informaron de ser tratados de forma diferente, ser evitados o ser objeto de comentarios críticos en la post cuarentena lo cual generaba sintomatología clínica diversa.
Con el Covid-19 se han perdido muchos seres queridos que han muerto y no han sido velados por sus dolientes; los vecinos se conservan a distancia y no hay visitas y ni juntas de vecinos; los trabajadores amenazados y podrían perder sus empleos ya que los patronos aún no saben si podrán abrir sus negocios; las pérdidas son muchas y los costos insostenibles. Los más sacrificados son vendedores ambulantes y los negocios informales que los clientes ya no procuran sus productos.
Cuando visitas las empresas observa que la gente no utiliza los ascensores, pues las escaleras están de moda; los restaurantes languidecen junto a empleados y patrones porque sus  clientes están ausentes y ni hablar de las discotecas, de los moteles, del abrazo del vecino, del amigo y del beso soñador de una madre que añora abrazar a su hijo; hoy es la distancia que marca el paso hacia todo (el super, la oficina, el banco, el colmado, la boda, la comida, en el vehículo). Todo cambió y que rápido.?
Las fiestas han cesado, las vacaciones olvidadas, las bodas han parado y se espera el cese de la pandemia sin prisa porque los abrazos ya no existen; los amoríos han perdido su ímpetu y cupido está de vacaciones con las alas cortadas para que no vuele a picar los corazones porque hasta el amor está guardado. Cuando regrese cupido encontrarás corazones rotos y tendrás suficiente trabajo, pero disfrazado con su nueva vida Covidiana.
La vida está, como los ruiseñores que cantan sus cantos a los lejos prestos a echar el vuelo. Las playas vacías, mezclando sus aguas cada vez más cristalinas; sus olas laten con menor fuerza porque están solas y el murmullo que la acompañaba ha callado por la ausencia de aquellos afrentosos enamorados que apagaban el calor del ardiente sol en los  cauces fríos de sus tranquilas aguas y el mar está tranquilo y más sereno porque los barcos no están cortando sus aguas como lomas cual draga asola.
¿Dónde están las fiestas? ¿Quién se la ha llevado?
La gente sedienta recuerda la fiesta en la universidad, en las escuelas, colegios donde se celebraba de todo: cumpleaños, aniversarios, grandes congresos y concentraciones con deliciosas comidas, vinos, rones, whiskies y cervezas con reguetón, bachata o merengue. Las presentaciones teatrales, artísticas, combos y los grandes comediantes: Raymond, Miguel, Cuquin, Boca de piano y Juan Luis y sus cuatro cuarenta cantándole al amigo que yace en lecho contagiado.
Se pusieron de moda las pruebas; pruebas y más pruebas; las mascarillas, el aislamiento, el distanciamiento social y la promoción medidas de higiene. y lo que nos queda son: nuestras vidas para cuidarlas y nuestro medio ambiente para preservarlo. Aquí todo es con delivery y con mascarillas, con distanciamiento. El lavado de manos y el exceso de higiene y adaptarnos a este mundo Covidiano.
Siguiendo con nuestra lógica, continúa señalando TDC) ¿Hemos ganado algo a nivel colectivo? Los datos indican que en el corto plazo han aparecido nuevas formas de contacto social, sentimientos de agradecimiento, solidaridad, apoyo, afecto y conciencia de que todos estamos interrelacionados. Aquellos que no confiaban en la naturaleza humana han encontrado excusas para replantearse sus creencias y los que ya confiaban y eran optimistas respecto al ser humano ha encontrado argumentos para reafirmar sus creencias. A medio y largo plazo desconocemos si estos cambios conformarán una nueva identidad colectiva con un mayor sentido de interrelación y solidaridad.
Si recapacitamos diríamos que íbamos a un ritmo muy acelerado. El medio ambiente estaba muy afectado por todo ese tránsito aéreo, marítimo y terrestre a todas las horas. Había que parar para salvar nuestro planeta. El Covid-19 ha puesto a la humanidad en grandes aprietos que nos ha expuesto a perder mucho y sí creo que nos ha puesto a ganar más, porque estamos reflexionando sobre nuestra solidaridad ambiental y humana para salvar la tierra. No hemos perdido, solo debemos cambiar.
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